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lunes, 14 de febrero de 2011

Necesidad ritual y oficialidad del rito

Es evidente que el ser humano es un ser ritual. A lo largo de las edades ha sabido expresar adecuadamente no sólo los distintos momentos de cambio en la vida (ritos de paso) sino también todos aquellos eventos de importancia social o comunitaria. Con el tiempo, las distintas confesiones religiosas que han ido naciendo en las diferentes culturas se han adueñado de esos ritos y les han conferido el rango de sagrado en base a sus propias creencias y en virtud de sus sacramentos y liturgias

Antes de la llegada de las distintas confesiones religiosas los ritos contenían ya una alta carga simbólica, eran la expresión de la magia natural, de la observación de la naturaleza de la vida y de sus circunstancias como algo desconocido que se pretendía entender y situar. El símbolo era el lenguaje básico de comunicación ritual, buscaba expresar una intención y ratificarla ante la comunidad.

Las distintas confesiones religiosas se apoderaron de los antiguos ritos y símbolos y los sustituyeron por otros más acordes a los intereses de sus dogmas y creencias. Pero es indudable que seguían posibilitando la necesidad natural del rito, canalizada a través de una atractiva escenificación y pretendiendo dotar, al hecho sagrado, de valor institucional. Esto provocó un cambio en nuestra percepción que ha arraigado profundamente en nuestra mente a lo largo del tiempo haciéndonos creer que sólo lo religioso puede ser sagrado, y sólo lo sagrado puede ser oficioso. Ahora somos testigos del nacimiento de un nuevo paradigma que necesita nuevas fórmulas de expresión en todos los ámbitos de la existencia, entre ellos el social, entre ellos el ritual.

El estamento civil ha de ser el garante de los derechos y deberes con respecto a nuestras decisiones sociales y de paso (nacimiento, matrimonio, fallecimiento, etc...) como ya viene haciendo, pero es un error creer que la manera en que está decidiendo expresar simbólicamente estos momentos sea la única válida. No debemos confundir entre la oficialización y el rito; el primero no es más que el registro del acto social y su confirmación legal; el segundo es la natural necesidad de expresión del significado del acto.

Hoy por hoy nacen iniciativas en juzgados y ayuntamientos que buscan reflejar de manera no religiosa esa necesidad social de la que hablamos y de la que es plenamente consciente. Pero no son más que alternativas al acto frío y seco del registro civil, de la oficialización institucional. Que la institución civil pretenda apropiarse de la expresión laicista de un acto social no haría más que imitar a la apropiación realizada en su momento por la institución religiosa. Es poco probable que esto ocurra, lo que realmente se denuncia aquí es la posible dinámica que genere la creencia que el rito del ayuntamiento o del juzgado es el único válido. Lo válido es su oficialidad no su expresión. Pensamiento este que invita a no confundir la oficialidad del acto, con la oficialidad del rito y su posible exclusiva.

La necesidad ritual es innata al ser humano y debe ser este, en su libertad de consciencia, quien decida como expresar los distintos momentos de su vida, como establecer el rito o protocolo y que símbolos utilizar para una mejor y adecuada expresión de su necesidad. Ceder esta libertad a una nueva institución podría reverberar en nosotros antiguos ecos bajo el yugo de la cruz. Es La decisión del hombre la que confiere sacralidad a sus actos y esta concesión no depende de la justificación divina de un acto religioso sino que es inherente a las decisiones y gestos del hombre y de la mujer que se realizan en libertad y acorde a su esencia natural.

Fernando Rivadulla

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Las bodas ecológicas y "sostenibles" son la última moda en ritos nupciales

Fuente: blogs.periodistadigital.com
Autor: Redacción
Fecha de publicación: 07/08/2009
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Los meses se verano son los preferidos por las parejas de enamorados para darse el sí quiero. Los hay que, dejando a un lado la típica ceremonia de traje blanco y pastel cortado con espada, prefieren sellar su amor bajo el agua, disfrazados o siguiendo ritos de pueblos lejanos.
Una de las últimas novedades en este tipo de celebraciones son las ecobodas, con una creciente popularidad en todo el mundo. Comienzan con una invitación en papel reciclado y acaban con el suelo cubierto de confeti biodegradable.
"Definitivamente ha habido un aumento de bodas ecológicas, que son el reflejo de un estilo de vida más respetuoso con el medio ambiente. Además, en tiempos de crisis la opción ecológica es una mejor alternativa para ahorrar dinero", comenta el portavoz del proveedor de productos ecológicos EcoCentric, Nikki Clarke, en Londres. Para evitar que el derroche monetario propio de las bodas deje una profunda huella medioambiental, usar un vestido nupcial de materiales orgánicos o de segunda mano puede poner el broche ecológico al enlace.
Vestidos de tejidos de cáñamo o algodón ecológico están disponibles por internet, donde hay vestimentas para los gustos más exquisitos porque "que una boda sea verde no significa que no pueda ser estilosa", afirma Clarke. La opción verde puede aplicarse a toda la parafernalia nupcial desde las flores y el maquillaje hasta la comida e incluso los anillos, que pueden ser de oro reciclado. Hay organizaciones que ofrecen listas de bodas de productos orgánicos y otras donde los regalos son donados a los más necesitados.
Una de estás compañías que se dedican a la este nuevo nicho de mercado es la británica Wedding List Giving, cuya página web ofrece a los invitados una lista de organizaciones benéficas donde hacer donaciones. Según ellos "muchas parejas afortunadas ya tienen todo lo necesario para iniciar una vida matrimonial". Estas listas de bodas son una manera de "introducir a los invitados a un modo de vida que antes podían considerar como hippy o étnico", según Clarke.

Lunas de miel también ecológicas
El viaje de novios también debe estar en consonancia con la ceremonia. El ecoturismo permite a los recién casados iniciar su vida en común realizando juntos una buena obra donde lo primordial es preservar el medio natural y cultural de su destino.
En las granjas WWOOF , por ejemplo, que pueden encontrarse en todo el mundo, los novios se instalan en cabañas en mitad de la espesura de un bosque o una selva donde comen lo que cultivan y aprenden artesanía en un ambiente donde se respira aire puro y privacidad.
"Hay novios que desean hacer que su gran día sea más significativo optando por minimizar el impacto negativo al medio ambiente y maximizar el impacto positivo en las comunidades locales y en sus destinos", afirma un miembro de la Organización Internacional de Ecoturismo Ayako Ezaki.
Hoteles y compañías de viajes ofrecen lunas de miel en lugares donde se emplean energías renovables y se sirve comida orgánica. Además, parte del importe de la reserva se destina a una organización benéfica.
Pero en tiempos de crisis las lunas de miel medioambientalmente correctas pueden ser simplemente una estrategia de márketing más, según explica el editor del servicio de ecoturismo Ecoclub, Antonis Petropoulos.
"Un creciente número de touroperadores especializados en lunas de miel intentan promover credenciales responsables con el medio, pero en tiempos de crisis sólo lo hacen para poder subir los precios con lunas de miel alternativas a lugares exóticos", dice Petropoulos.
A pesar de todas estas opciones, en lo que a la ceremonia se refiere el peso de la tradición es difícil de levantar. Las bodas pecan de ser celebraciones en las que la ostentación y el lujo cobran protagonismo.
En España un informe del Instituto de Comercio Exterior (Icex) apunta que el coste medio de una boda está entre 13.000 y 28.000 euros y este año, con las vacas flacas, se ha registrado un descenso del gasto tanto en los invitados como en el banquete, pero no en el atuendo de la prometida, que constituye el 11% del presupuesto total y cuesta, como mínimo, 850 euros. Pero la cuenta puede llegar a los 25.000 euros si está firmada por un diseñador.
Los estadounidenses por su parte gastaron el año pasado una media de 21.814 de dólares (15.000 euros) por boda, según los datos de The Wedding Report, el instituto estadounidense de estadísticas de bodas.
"Ahora mismo tenemos varias encuestas en marcha que nos dicen que por lo general la gente es muy tradicional en lo que se refiere a las bodas", explica Vanesa Muñoz, directora de un servicio de bodas."Todavía falta quizá que la gente conozca que dispone de alternativas como éstas," afirma Muñoz.